Es sudor por estrés es cada vez más común entre la población. El ritmo de vida acelerado, las responsabilidades familiares y laborales o la falta de descanso hacen que, hoy en día, el nerviosismo afecte a muchas personas.
Si este es tu caso, puede que el estrés esté provocando sudoración que en muchas ocasiones puede llegar a ser incómoda e interfiera en tu vida, generándote complejos y falta de seguridad en situaciones sociales.
Por lo general, el sudor por estrés suele aparecer en la cara, las axilas y las palmas de las manos. Es habitual encontrarse en lugares que tienen una temperatura adecuada, como por ejemplo en la oficina, pero que aun así sudes sin hacer actividad física excesiva ni con causa aparente.
Esto sucede porque te encuentras en un estado de tensión debido a las preocupaciones y el nerviosismo. Cuando el cuerpo del ser humano siente un peligro o amenaza, aunque no sea real y sólo esté en la mente, desencadena una respuesta fisiológica.
Esta reacción se lleva a cabo por el sistema nervioso simpático, que tiene por objetivo dar una respuesta activa al estímulo amenazante, y se prepara para la lucha o la huida. Esta se compone de varios síntomas, como taquicardias, pupilas dilatadas, sequedad de boca, o palidez, ya que la sangre se moviliza a las extremidades para ejecutar una reacción física.
En este sentido, la sudoración tiene la función de mantener el cuerpo fresco y ventilado evitando que se sobrecaliente, para poder mantener la respuesta fisiológica de lucha o huida sin que el cuerpo quede exhausto por el calor.

Causas del sudor por estrés
En las sociedades modernas el estrés es un síntoma habitual para muchas personas. De hecho, el estrés que provoca el sudor puede resultar ser una respuesta adaptativa a una situación complicada como, por ejemplo, un duelo por la muerte de un ser querido o la pérdida de un trabajo.
A parte del estrés de la vida diaria y la respuesta a acontecimientos problemáticos, el sudor generado por estrés suele darse en el contexto de un trastorno de ansiedad. Puede que sufras de trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social, de trastorno de pánico o de trastorno obsesivo-compulsivo.
A menudo la gente piensa que la ansiedad solo se experimenta sintiendo miedo y preocupación, pero, cuando un trastorno de este tipo se presenta, el estrés que provoca genera una serie de síntomas físicos. Uno de ellos es el sudor excesivo, además de fatiga, taquicardia, dificultad para respirar, tensión muscular, o síntomas gastrointestinales como náuseas o diarrea.
Sudor nocturno por estrés
En muchas ocasiones este sudor por estrés aparece por la noche. Puede que sudes cuando estás en la cama sin motivo aparente, y te despiertes en un estado de ligera a moderada agitación y con las sábanas empapadas.
Si esto te sucede, puede que las preocupaciones, que en ocasiones se presentan en forma de rumiación durante la noche, te provoquen el sudor. Además, existe la posibilidad de que estés experimentando pesadillas a causa del estrés, y que esto genere los episodios.
Para prevenirlos, es recomendable utilizar técnicas de relajación o respiración, incluyendo meditaciones o posturas de yoga suaves antes de ir a dormir. De hecho, el mismo temor a sufrir insomnio y no descansar es lo que provoca ansiedad a la hora de acostarse.
Asegúrate de que la habitación esté a una temperatura adecuada y de que usas pijamas de materiales como el algodón, sin utilizar mantas muy pesadas o no transpirables. No es recomendable practicar deporte justo antes de acostarse, ya que activa mucho el cuerpo.
Prevención y soluciones
Prevenir el estrés es necesario para evitar la sudoración excesiva. Para ello, es conveniente asegurarse de mantener un estilo de vida equilibrado. Debes mantener una dieta rica en nutrientes y baja en alimentos procesados.
Además, no olvides establecer una rutina de sueño para hacer frente al insomnio derivado del estrés, que a su vez provoca más cansancio y malestar. Para ello, puedes tener horarios habituales para acostarte y levantarte, no pasar tiempo en la cama durante el día ni hacer la siesta.
Recuerda que, para evitar el insomnio, es importante no utilizar pantallas de teléfonos móviles, ordenadores o tabletas al menos dos horas antes de ir a dormir. En el caso de que tengas que usarlas, asegúrate de tener una pantalla que mitigue la luz usando filtros o aplicaciones que se pueden descargar fácilmente por internet.
Si la causa subyacente a tu estrés es un trastorno de ansiedad o depresivo, es altamente recomendable que abordes tu estado de salud mental para solucionar el origen del problema.
En este caso, puedes acudir a un psicólogo especialista en psicología clínica para someterte a un tratamiento psicoterapéutico. Los trastornos de ansiedad y depresión pueden ser tratados con éxito con la terapia cognitivo-conductual, que ha demostrado ser efectiva en la reducción de este tipo de sintomatología.
Además, puede que, si tus síntomas son muy intensos, te ayude el uso de medicación para mitigar esta problemática. De esta manera, tanto el médico de cabecera como un médico psiquiatra pueden decidir cuál es el mejor abordaje farmacológico para ti.

